P2P ¿ Quién dijo que era PK2 ?
Fecha Domingo, 16 enero a las 13:17:09
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Antonio Rodríguez, que ha grabado cuatro álbumes en solitario y actuado en cuatro continentes escribe en ACAM un interesante artículo de reflexión y análisis.

Cuando un amigo me inició hace ya un tiempo en los caminos de la Red, me comentó que era un instrumento maravilloso de intercambio (internet) porque “la había inventado un hippie” y que, aunque monopolizada, en un principio, por los militares para usos estrictamente de defensa (y es de suponer que de ataque) y de seguridad, acabó en las manos de la gente en un descuido que ya no tiene marcha atrás por más que se empeñen en nuevas políticas restrictivas hacia la libertad de expresión.

Dejando de lado el supuesto “hippismo” de Mr. Gates & Friends (dicho esto sin adjudicar al multimillonario de manera exclusiva la paternidad y el crecimiento de internet), lo que ha quedado patente con los años es el desarrollo imparable de semejante instrumento de comunicación que desde que trascendió a usos civiles no deja de proporcionarnos agradables sorpresas.

Y digo agradables porque, tras una transición desinformada en donde quien más quien menos demonizaba los defectos del invento (igual que en la revolución industrial), y lo culpaba de la crisis y la piratería, somos, precisamente los autores, uno de los colectivos mas beneficiados por el uso de las nuevas tecnologías.

En este sentido el P2P favorece uno de los derechos fundamentales del hombre que no es otro que el de la LIBERTAD. Esto es, la oportunidad y facilidad para el libre tránsito de ideas que son el motor del arte.

La posibilidad de acceder al inmenso archivo (musical en la mayoría de los casos) artístico mundial desde el salón de casa y poderse uno convertir en compilador/discógrafo y sumo constructor de nuestros propios discos hace que la música cobre un nuevo interés pues es algo vivo que trasiega por el espacio atendiendo a una demanda voraz y constante.

Hoy, solo unos pocos fans “soportan” el disco completo (¡ininterrumpidamente!) de su artista favorito y prefieren entremezclarlo con otros sonidos y canciones del eterno abanico que ofrece la Red, hay quien decide, incluso, recopilar diferentes versiones de una misma canción, gente que, como todo el mundo (¿habrá quien no?), ama la música como el arte invisible que acompaña nuestra vida.

Los profesionales -autores, creadores, músicos, etc.- intercambiamos nuestras letras, nuestras músicas, diferentes pistas, regrabando una especie de “gran” canción que recorre los coaxiales, flota en el éter y facilita nuestra labor.

LA OTRA CUESTIÓN ES: ¿QUIÉN PAGA TODO ESTO? O ¿ESTÁ “TÓ PAGAO”?

Y la respuesta es difícil porque, a mi entender, mas allá de la complejidad que entraña la financiación de todo arte, si se consigue una exposición pública cada vez más multitudinaria de las obras expuestas, y, como dice el tópico de los vocalistas que se encuentran ante audiencias escasas y que deben desarrollar su arte en fragorosos tugurios donde nadie escucha otra cosa que no sea el sonido de las bolas del billar: “gracias por esos cálidos aplausos que como todo el mundo sabe son la mejor recompensa para el artista.”

Es por esto que creo que se desvirtúa el sentido verdadero de la creación y sus autores convirtiéndonos, las más de las veces, en una especie de policías/peseteros que en su afán recaudatorio se desvinculan del conjunto de la sociedad pretendiendo impedir el libre tráfico de datos entre personas y atentando contra los derechos mas elementales.

Pero, sin embargo, es evidente que el activo de un autor es únicamente su obra y que ésta está siendo disfrutada libre y públicamente sin ningún otro tipo de prestación (por lo menos inmediata) que no sea la del tímido reconocimiento a media luz/voz (crepúsculo interior). Y que, aparte de que a los grandes portales de intercambio gratuito de archivos P2P tipo Napster; eMule, Kazaa, Bit Torrent y otros se les imponga un canon, más otro canon por los CD’s vírgenes susceptibles de ser usados en grabaciones públicas y/o privadas, más otro canon que grave los aparatos de reproducción etc., lo vamos a tener muy crudo.

El gran reto sigue siendo hacer entender al ciudadano de a pie que la persona que creó esa música para su disfrute no es quien decide los precios, muchas veces exorbitantes, de los volúmenes o simplemente canciones que está interesado en adquirir, sino que ajeno a todo este gran tinglado se le reserva el papel de llorón al que le quitan un pastel del que estaba comiendo –casi nunca- mucho.

En este sentido pasa lo que ha sucedido en España con las fiestas populares de los pueblos y ciudades que han “enseñado” a la gente a no pagar por los espectáculos. Esto ocurría porque solía pagarlos el Ayuntamiento para disfrute de propios y extraños y luego hemos pasado al patrocinio de diferentes marcas (tabaqueras, alcoholeras y tras) que con ésta publicidad sortean las leyes que regulan su publicidad.

El caso es que (nos) hemos acostumbrado a no pagar por el arte y/o a que éste sea gratuito y, el intentar debatir sobre este principio con algunos sectores de la sociedad, a veces, conduce a absurdas disquisiciones por cuanto a nadie le gusta que le roben pero a nadie pagar por lo que es gratis (y ¿por qué no?)

Así, hasta que no se logren identificar archivos privados o públicos y la condición de pago para cada uno de ellos, seguiremos invadiendo el mundo con nuestras canciones a la espera como decían los sindicalistas de la transición de “un convenio digno” y mientras “Muchas gracias por lo que me has dao... y a ver si me pagas lo que me has quitao.”

Nuevamente el autor, ahh... el autor... el autor.

...que Dios se lo pague.

Antonio Rodríguez (Zahara de los Atunes, Cádiz) enero de 2005

Antonio Rodríguez, alias “Pulgarcito”, “Lou Kowalski”, “Alberto Ledo”, “El Pulgar” conocido en los bajos fondos musicales como “El Nómada” o “El Escurridizo.”

Ha sido el cerebro de bandas como “los Punkis Asociados” “Tapones Visente” “Yuyu” y ha alquilado sus servicios a otras como “Los Toreros Muertos”, “Duncan Dhu”, “La Dama se Esconde”, “Paco Ortega & Isabel Montero”. Toca todos los palos.

Ha grabado cuatro álbumes en solitario y actuado en cuatro continentes. Nunca ha sido amigo de las listas de éxito con sus propios trabajos, sin embargo, sus canciones para muchos artistas de la jet-set del éxito, son reconocidas por todo el mundo. Alejado de la metrópolis, por sus diferencias con el gobierno y la corte musical, su pista se pierde en Cádiz desde donde reaparece para dar algún que otro golpe.

Artículo original en ACAM





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